Ser mujer parece ser un arte olvidado por la sociedad y, muchas veces, por nosotras mismas. Veo con ilusión que hay un nuevo despertar femenino en el planeta: con la tendencia de volver a la esencia, a los ritmos naturales, a los alimentos biológicos, ancestrales, hechos con amor y a mano; a la conciencia del presente y del medioambiente, del cuidado de la Madre Naturaleza. Todo este movimiento de sincronía con el universo responde al alma femenina que está despertando y reclamando un espacio que había sido oprimido por largo tiempo. Sin darnos cuenta, muchas de nosotras (y me incluyo) también hicimos parte de esa represión, convencidas de que eso nos iba a ayudar a ganar un lugar distinto en la sociedad, donde íbamos a reivindicarnos a la fuerza, tratando de imponernos a lo macho; pero, a mi juicio, por querer liberarnos, nos pusimos más cargas encima. Lo cierto es que tuvimos que aprender a los golpes que esta postura iba en contra del propósito de vida de cualquier ser humano: ser feliz.
Con la intención de reivindicar nuestros derechos, nos pasó como en las discusiones acaloradas con el novio tóxico: empezamos a gritar tan duro para hacer valer el punto que lo perdimos. Al final, él nos mira con cara de locas, ¡y nosotras terminamos pidiendo perdón!
La calma y la dulzura son las herramientas femeninas más poderosas, resaltando que, lógicamente, debemos tener siempre nuestras otras armas de defensa listas; pero más con inteligencia que por la fuerza, como esos guerreros japoneses que sacan una daguita diminuta de la manga y, cuando sus enemigos se dan cuenta, están en el piso y ni se enteraron cómo.
Al violentar nuestra esencia también violentamos nuestro cuerpo, nuestra descendencia, nuestros seres queridos y nuestro planeta, porque, como nos estamos dando cuenta, todo está conectado. En estas páginas haremos un recorrido por nuestra anatomía física y emocional, entendiendo cómo se conecta nuestra vida interior con nuestro cuerpo y con el mundo; también hablaremos de las heridas de nuestra infancia, pues el autoconocimiento es la llave maestra que abre la puerta de la libertad, lo que nos permite entendernos, comprender al mundo y tomar decisiones realmente autónomas.
*Copiamos parte de de (R)evolución pink sin permiso